Me vuelves loca, pero creo que me gusta la locura

Benjamin Robyn-Jespersen

Eres todo lo que no debería gustarme: voz resonante, tendencias adictivas, actitud imprudente, ese cabello que siempre cae frente a tus ojos. Luego está la forma en que tu presencia es demasiado ruidosa, llenando la habitación cuando entras. Eres demasiado de lo que sé que debería alejarme. Demasiado del tipo de chico del que me advierten con uno de esos grandes carteles amarillos de precaución que me dicen que corra como el infierno en la otra dirección.



Pero nunca he sido bueno amando, siempre demasiado o demasiado apresurado o simplemente un poco demasiado de cabeza.

Y hay algo en ti que me vuelve un poco loco. También loco para rendirse todavía.

Tal vez sea esa sonrisa y cómo llena todo tu rostro. Tal vez sea por cómo te ríes de una manera que es contagiosa y siempre en los momentos equivocados. Tal vez es así como pierdo la noción de todas mis listas cuando estamos juntos, las listas de tareas a corto plazo, las listas de tareas a largo plazo, las listas que me ayudan a juntar mis cosas. Los tiran a la basura cuando estoy a tu lado.

Me haces olvidar esa fachada de perfección que trato de encarnar.
Me haces recordar que está bien joder a veces.





Me haces sentir mil cosas a la vez, una especie de ansiedad, miedo y tonto y feliz y confundido y frustrado. Es como uno de esos dulces que cambia de sabor con cada capa, agrio, luego dulce, luego amargo y luego dulce de nuevo.

No dices las cosas correctas. No me amas exactamente como deberías. Eructas fuerte en medio de la cena, bebes demasiado y te quedas despierto hasta tarde los fines de semana.

Eres imperfecto en un millón de maneras, pero cuando pienso en la forma en que me haces sentir, no puedo evitar sentir una calidez en mi pecho.

Eres imperfecto. Tan malditamente imperfecto. A veces eres ilegible, como un rompecabezas con bordes irregulares o un libro con todo el texto impreso al revés. En un minuto te inclinas hacia mí, al siguiente te alejas. Un minuto me dejas entrar, al minuto siguiente tu cabeza está a mil millas en las nubes.

No puedo entenderlo y no estoy seguro de cómo funcionará todo esto. Pero una cosa que sí sé, es que eres imperfecto y me vuelves loco y me gustan ambas cosas.

Me gusta cómo me haces sonreír. Me gusta cómo me enseñas a dejar ir. Me gusta cómo siempre sabes lo que estoy pensando, a veces antes que yo, y puedes leerme, incluso cuando trato de ocultar cómo me siento.



Me gusta que aprietes mis botones. Me gusta que me hagas enojar a veces. Me gusta que peleemos como malditos niños, pero que siempre echamos la cabeza hacia atrás y reímos.

Tu me vuelves loco. Me dan ganas de gritar. Me dan ganas de llorar. Me haces sonreír de oreja a oreja. Y a veces me haces querer hacer todo eso a la vez.

No tengo las respuestas para ti, para nosotros. No puedo ponerte en una caja, en una lista. No puedo organizarte en mi vida como lo hago con todo lo demás, pero creo que, para variar, estoy de acuerdo con eso.

Los dos somos muy complicados, pero tal vez no tengamos que serlo. Cuando se trata de eso, te agrado y me gustas a mí, y tal vez pueda ser así de simple.