La verdadera amistad no conoce distancias

Allegra Messina

Cierto amistad no conoce el momento. Caer en los brazos de una persona que aprende a quererte como a un hermano no ocurre de cierta manera, en cierto momento. A veces, la conexión se establece al azar: risas compartidas en una cafetería, ojos en blanco en sucesión en un tren lleno de gente, fotografías tomadas muy cerca que te hacen darte cuenta de que las comisuras de la boca tienen hoyuelos similares. A veces, la conexión crece con el tiempo: llanto sobre los hombros, largas charlas en el viaje diario al trabajo, mensajes de texto, una serie de momentos intrincados que crean un vínculo inquebrantable.



La verdadera amistad no conoce el miedo. No cuando se trata de estar uno al lado del otro, luchando juntos contra el mundo. No cuando se trata de personas que se interponen en el camino. No cuando se trata de estar realmente ahí, de no dejar que ninguno de los dos se sienta como si estuviera solo.

La verdadera amistad no conoce fronteras. En el sentido de que pueden entrar en la cocina del otro y abrir la nevera. En el sentido de que nada está prohibido en una conversación; ambas partes pueden despegar sus capas y colocar sus piezas rotas sin juzgar, sin reprimirse.

La verdadera amistad no conoce distancias . Ni las millas, ni las horas o los viajes en automóvil o los boletos de avión que intentan abrir una brecha entre ellos. No las zonas horarias o las diferencias, no la forma en que uno se despierta temprano mientras el otro duerme, o cómo sus dos horarios apenas se superponen. No de la forma en que se vuelve difícil verse el uno al otro, porque incluso en las complicaciones, los dos corazones están atados para siempre.

La verdadera amistad no conoce la separación. No cuando el camino se vuelve difícil o el momento oportuno se convierte en un desafío. No cuando los días son demasiado largos y las llamadas telefónicas pasan de ser frecuentes a algunas veces al mes. No cuando las visitas se vuelven menos frecuentes; aún así, el vínculo está ahí, es fuerte y continuará.





Incluso cuando la vida se complica, la verdadera amistad permanece.

La verdadera amistad no conoce adiós. No importa cuán alejadas estén dos almas, permanecen conectadas. Contestan el teléfono. Hacen un camino para que sucedan las visitas, para que se brinde apoyo, para que nada rompa el vínculo que se ha construido. Siguen siendo la voz de la razón el uno para el otro, incluso si están hablando por teléfono y no pueden tomarse de la mano físicamente.

Ellos se quedan.Porque la amistad no se da a la primera señal de problemas, no da excusas, no se desvanece por el tiempo o el lugar.

Independientemente de cuán lejos, cuánto tiempo, cuán difícil, la verdadera amistad continúa, la verdadera amistad cree.