Aquí están los mejores amigos que se sienten como en familia

Omar Lopez

Eres el amigo con el que me encontré por accidente, riéndome de los mismos chistes, caminando por las mismas calles, luchando en las mismas batallas de mierda deseando no estar tan solo. Eres la persona que se abrió a mí, nunca dudó en compartir su historia y de repente me hizo darme cuenta de que no tenía que estar en este viaje solo.



Eres la chica en la que aprendí que podía creer, la que siempre estaba ahí, siempre presente, siempre alguien en quien podía confiar, sonreír y ser yo misma.

Eres la mano que buscaba inconscientemente, la risa burbujeando en mi pecho, la confianza que siento aumentando dentro de mí cuando camino. Eres la persona en la que confío, el cuerpo y el alma en quien confío por completo.

Eres la noche, compartiendo bocadillos y secretos en el sofá de la planta baja o temprano en la mañana, corriendo antes de que salga el sol. Eres la persona al otro lado del teléfono, escuchándome llorar y siempre sabiendo qué decir para traerme de vuelta a mí mismo.

Eres el hombro en el que me he apoyado, las piernas que me han llevado, el recordatorio constante de quién soy y lo que valgo.





Eres a quien considero, sin duda, mi mejor amigo. Pero eres más que mi mejor amiga, eres la hermana que nunca supe que necesitaba, eres mi familia.

Es asombroso cómo crecemos y encontramos personas cuyos corazones de alguna manera laten en sincronía con los nuestros, cuyos pasos siguen el ritmo de los nuestros, cuyos patrones y sueños coinciden con los que estamos persiguiendo y de repente nos damos cuenta de que el amor no tiene por qué serlo. compartido por la sangre.

Nacimos en familias, adoptados en familias, criados y amados y enloquecidos por las familias. Tenemos madres y padrastros, hermanas y medio hermanos, primos y tíos y abuelas y padres adoptivos y tutores y cuidadores y personas a las que aprendemos a llamar.nuestro.Pero luego, conocemos a personas que no son familia. Personas con las que no compartimos ADN o un techo sobre nuestras cabezas, pero aún así encuentran un camino en nuestras vidas y nos cambian para mejor. Personas que, con su simple abrazo, nos recuerdan que somos amados, incluso en nuestra soledad, incluso en nuestros momentos más oscuros, incluso cuando nuestras familias se desmoronan.

Personas que son nuestras amigas, pero que se sienten más como hermanos.

Y ese eres tú. Siempre has sido tú, desde el día en que nos conocimos. Tú eres quien puede responder a mi llamada a cualquier hora del día y saber lo que está mal con solo el tono de mi voz. Tú eres quien me levanta cuando mi espíritu se rompe y me ayuda a resolver cualquier cosa que me agobie el corazón.

Tú eres el que me ha enseñado fuerza y ​​resiliencia, el que me ha empujado a luchar cuando tenía ganas de rendirme.



Tú eres quien entabló una amistad fácil conmigo, una relación que no está llena de competencia y amargura, de engaño o malicia, sino que es sin duda real y genuina. Eres la persona en la que puedo confiar mi vida y me siento más cómodo con él, y no importa lo que este mundo nos depare, eso nunca cambiará.

Eres el amigo que se siente en familia, que me ha enseñado que amor no tiene que estar solo dentro de las cuatro paredes en las que crezco, o solo en los brazos de las personas que me criaron.

Tú eres quien me mostró que podía ser cuidado, tan profundamente, por personas con las que no tengo ningún parentesco consanguíneo, personas que entran en mi vida al azar, sin saberlo, pero por las manos de Dios, y me impactan de maneras. Nunca lo imaginé.

Eres el amigo que me ha dado esperanza, me ayudó a continuar, me mostró quién tengo el potencial de ser y se mantuvo a mi lado mientras recuperaba mi sentido de identidad después de caer.

Y eres tú quien me ha amado y quien me ha recordado, una y otra vez, que la familia es para siempre, pero la verdadera amistad también.

Marisa Donnelly es poeta y autora del libro,En algún lugar de una carretera, disponible aquí .